Mostrando entradas con la etiqueta valores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta valores. Mostrar todas las entradas

24 de junio de 2015

Trust in Teams

Trust is a key element in a team’s performance.  Is the glue that binds relationships together and is so essential because it provides a sense of safety. When team members feel safe with each other, they open up, share information, work faster. And they are more willing to accept and expose vulnerabilities. In contrast, when people distrust each other  they will probably fail to have open discussions for the fear that they may lead to a conflict or an embarrassing situation. And open and honest discussions are necessary to get new ideas and to produce high quality and innovative decisions. So trust is not only important at the interpersonal level, it’s also a basic requirement for achieving innovation.

In a business context, what does trust mean for you? You may recall a former positive experience, a time when you were part of a team that worked well:

-What did you and the other team members to create a sense of trust?
-What role did the leader play in that process?
-What were your feelings when you worked in the project?




 What are your trust criteria when working in a team?  

  • Loyalty?
  • Reliability?
  • Competence?
  • Expertise?
  • Predictability?
  • Openness?
  • Honesty? 
  • Commitment?
  • Ethical behaviour?

How can you make them grow?

Think, reflect, and if you have a couple of minutes, let yourself be inspired by this powerful video of the Cirque du Soleil:




Trust is a confusing thing, it seems so simple, but when you try to pin it down, it can be so elusive (…) We expend so much energy watching and calculating, trying to predict, reading signals in people, ready for anything to change suddenly, preparing to be disappointed. So much energy spent …


We talk about trust as something you build, as if it is a structure or a thing, but in that building there seems to be something about letting go. And what it affords us is a luxury. It allows us to stop thinking, to stop worrying that someone won’t catch us if we fall, to stop constantly scanning for inconsistencies, to stop wondering how other people act when they are not in our presence. It allows us to relax a part of our minds so that we can focus on what’s in front of us. And that’s why it’s such a tragedy when it’s broken. A betrayal can make you think of all the other betrayals that are waiting for you (...)

Trust is your relationship to the unknown, what you cannot control, and you can’t control everything. And it’s not all or none. It’s a slow and steady practice of learning about the capacity of the world. And it’s worth it, to keep trying. And it’s not easy.


22 de enero de 2014

Cultura corporativa: el necesario equilibrio entre el ser y el hacer







Hace unos días tuve una conversación con una compañera de trabajo en la que hablamos de viejos y nuevos proyectos laborales y en ese contexto mi amiga comentó su deseo de conseguir un mejor equilibrio entre el ser y el hacer. Me pareció una acertada reflexión, porque normalmente solemos enfocar nuestros objetivos en la ejecución de acciones productivas y el cumplimiento de tareas (hacer) descuidando la finalidad estratégica que perseguimos con ellas, bien sea a nivel de nuestro desarrollo personal o como construcción de nuestra identidad profesional (ser).

Lo curioso es que algo parecido pasa también en el mundo de la empresa en donde, en mi opinión, sería deseable que los equipos gestores reflexionaran más a menudo sobre el modelo de organización  que desean construir.  Muchas compañías planifican su futuro solamente en términos económicos, de ventas y de crecimiento. Priorizan el logro de ese tipo de objetivos pero  descuidan el mensaje que con ellos se trasmite. Hay que saber qué tipo de empresa queremos que vean  nuestros clientes cuando decidan comprar nuestros productos, con qué clase de valores nos van a asociar las personas que opten por trabajar con nosotros, ya sean empleados o proveedores. Introducir esa dimensión identitaria en la planificación es siempre importante, pero lo es todavía más cuando se está iniciando un proceso de internacionalización. La salida al exterior nos ofrece la posibilidad de redefinirnos como empresa, de crear una cultura corporativa inclusiva que tenga en cuenta el entorno cultural y social de los países en los que se va a estar presente. Lo cual no es sencillo, porque puede exigir sacrificios y cambios estructurales, pero sobre todo porque requiere una perspectiva a largo plazo y una visión sistémica del espacio organizacional que se extienda más allá de las metas individuales de sus protagonistas. 
 
Sin embargo, creo que precisamente en momentos como el actual, en que las estructuras sociales, las formas de comunicación y los hábitos de consumo se están transformando muy rápidamente, sólo las empresas con una fuerte y clara identidad consiguen sobresalir. Y para conseguir esa identidad, ese ser definido, no va a ser suficiente con tener una serie de productos mejor o peor posicionados en el mercado. A medio y largo plazo hará falta también que nuestra imagen de marca transmita algo, que tenga una personalidad que ayude a nuestra empresa a alinearse con los valores del territorio en el que opera. 

En mis proyectos formativos suelo preguntar a los participantes por los rasgos que definen la cultura corporativa de su organización y siempre me sorprende la dificultad que muchos tienen para identificarlos. En ocasiones esa misma dificultad en la respuesta la encuentro incluso en los responsables de RRHH, lo cual me sorprende todavía más. Queda claro que en esos casos algo falla, y que si no sabemos explicar quienes somos a los más próximos en la organización, difícil será que lo consigamos en el entorno más complejo del mercado internacional. Porque más allá de los buenos deseos, la construcción de una identidad corporativa sólida exige del equipo directivo reflexión constante, para definir y materializar ese deseado equilibrio entre el ser y el hacer en su empresa.

19 de diciembre de 2012

El secreto de la felicidad




Cuentan que un día, un grupo de alumnos de un viejo Maestro Zen se le acercaron y le preguntaron lo siguiente:

-Señor, ¿qué haces para estar contento y parecer siempre tan feliz? ¿Cómo lo logras? Nosotros también deseamos disfrutar de la felicidad como tú.

El viejo sonrió, y tras contemplarlos un momento en silencio, respondió:

-Cuando duermo, duermo. Cuando me levanto, me levanto. Cuando camino, camino. Y cuando estoy comiendo, estoy comiendo.

A lo que los alumnos, mirándose desconcertados, añadieron:

-Por favor, Maestro, no te burles. Eso que dices también lo hacemos nosotros.  Dormir, levantarse, comer, caminar… Todos nosotros hacemos lo mismo que tú. Y sin embargo, no somos felices. ¿Cuál es entonces tu secreto?

De nuevo obtuvieron la misma respuesta del Maestro:

- Cuando duermo, duermo. Cuando me levanto, me levanto. Cuando camino, camino. Y cuando estoy comiendo, estoy comiendo.

Pero esta vez, al ver la inquietud y tristeza de sus alumnos, el viejo Maestro añadió algo más:

-Sí, puede ser que vosotros también durmáis, os levantéis, comáis o caminéis. Pero seguramente mientras dormís pensáis también en despertaros; apenas os habéis levantado ya estáis pensando a dónde ir, y a la vez que camináis os estáis preguntando también qué comeréis después. Vuestros pensamientos están siempre en otro lugar y no allí en donde estáis en cada momento. Y la vida pasa precisamente en ese momento breve entre el pasado y lo que está por venir. Concentraos en él y disfrutadlo. Porque de esta forma podréis apreciar el sentido de cada instante y se os ofrecerá la oportunidad de ser, de verdad, felices.

¡FELICES FIESTAS!


11 de julio de 2012

La buena educación



No sé vosotros, pero de un tiempo a esta parte, yo he ido observando un progresivo deterioro de lo que a mi entender son normas de cortesía mínimas en las relaciones profesionales, y si me apuráis  también en las personales, aunque ahí no me meto, allá cada cual con lo que haga con sus amigos. 

En mi caso,  cada vez con más frecuencia me encuentro con reuniones en las que, prescindiendo del valor del tiempo ajeno, se empieza con una escandalosa impuntualidad. O citas que se cancelan en el último momento alegando excusas de medio pelo del tipo es que andamos muy liados (toma, como todos, pero para eso planificamos el encuentro, creo yo). Tampoco es extraño que personas que apenas te conocen  te contacten pidiendo ayuda para algún proyecto y que después de dársela -gratis total- nunca más vuelvas a saber nada, ni del proyecto ni de la persona. 

Especialmente habitual es sobre todo el fenómeno de no contestar los e-mails. Lamento decirlo, pero eso es algo con lo que me encuentro mucho en España, más que en otros países con los que habitualmente trabajo, y he de reconocer que me pone de los nervios. Porque en el mundo 1.0 cuando una persona te pide algo y tú se lo das, lo normal es que al cogerlo te dé las gracias. O que cuando propongas algo recibas una respuesta, un sí, o un no, no sé… una reacción en algún sentido u otro ¿verdad?  Pues parece que si eso mismo lo haces por correo electrónico lo suyo sea dar la callada por respuesta. ¿Tanto cuesta acusar recibo o escribir gracias u OK o lo que sea y darle a la tecla intro? Sobre todo cuando lo que has enviado es algo importante que te ha llevado tiempo y trabajo preparar. Siempre te queda la duda de si la falta de noticias obedece a la indolencia del receptor o a que el destinatario ha enfermado, o se le ha estropeado el ordenador o incluso puede ser que tu correo ni siquiera haya llegado a su destino por haber sido víctima de un antispam agresivo. Pero luego, cuando transcurrido un tiempo más que prudencial te atreves a preguntar si tu mensaje llegó, te contestan sin inmutarse con un aaah! sí, sí, pues claro que lo recibimos, y si tienes suerte, de nuevo aparece la frase comodín a modo de disculpa: es que vamos muy mal de tiempo. Claro, y yo ando todo el día haciéndome las uñas…

Quiero pensar que esta falta de atención por parte de algunas personas se debe sobre todo a mi condición de consultora, que para según quién parece que somos algo así como proveedores de segunda clase.  Quiero pensar que esas mismas personas tratan a sus clientes y resto de proveedores con más esmero y atención; que contestan los mensajes, dan las gracias y se disculpan si no pueden cumplir sus compromisos. Quiero pensar también que la actual situación económica y el ambiente enrarecido que ha creado en muchas empresas no ayuda y que la gente trabaja bajo mayor presión.  Me hago cargo de todo eso y lo comprendo, porque también lo veo en mi entorno más cercano. Pero me parece que hay límites que no cuesta nada mantener. Y además la tecnología nos lo pone muy fácil.  Que luego presumimos todos de estar muy conectados, pero fallamos en lo básico, en la atención personal y en las normas de educación más elementales.

Y si eso lo trasladamos a la escena internacional, ya ni te cuento. Porque resulta que los conceptos de lo que es correcto a nivel de etiqueta en el trato profesional varían y esa informalidad tan nuestra en comunicar o en reaccionar a tiempo puede ser interpretada como falta de organización o de profesionalidad o de interés (o las tres cosas a la vez). Recuerdo muy bien que hace algunos años, un fondo de inversión anglosajón que asesoré abandonó una operación bastante grande en España por ese motivo. Desde entonces insisto mucho a mis clientes sobre la importancia de dar respuesta y de mantener informada a la otra parte, de prestar atención a esos detalles que van más allá de la ya de por sí deseable cortesía.  Porque además de trasmitir confianza –que es un elemento imprescindible para el éxito de cualquier negocio- hacen que el trabajo diario sea mucho más agradable. Yo tengo la suerte y el placer de poder colaborar con algunas personas así, y os aseguro que sé de lo que hablo.

30 de marzo de 2012

Media parte en Europa

Hoy quiero compartir con vosotros un vídeo que se emitió por la televisión americana en la pasada Super Bowl. Leo que el partido, con una audiencia media de 113 millones de espectadores, fue el programa más visto en toda la historia de la TV en ese país. Casi nada … Así que los anuncios que se pasan durante el descanso, además de ser extremadamente caros, se procura que también tengan cierta calidad. Uno de los más alabados este año ha sido éste anuncio de Chrysler, creado, dirigido e interpretado por Clint Eastwood, que a mí me ha parecido una pequeña obra de arte.

Me ha gustado sobre todo el mensaje que transmite. Ese optimismo sereno que en la voz y en la mirada de este actor tan veterano, adquiere una extraordinaria credibilidad. Esa sabiduría sencilla y profunda a la vez, esa emoción ajena a todo efectismo. Y sobre todo ese saber mostrar la esencia de la cultura americana –esfuerzo individual, iniciativa, igualitarismo, orientación al futuro- de forma tan simple, casi minimalista y saber darle la vuelta, para resaltar también la importancia de la unidad, del trabajo sostenido en el tiempo y de las metas colectivas.

Creo que el mensaje podría ser perfectamente trasladable a nuestro país, pero también a esta vieja/nueva Europa. Creo que más allá de la crisis financiera actual, muchas de las dificultades que vivimos a nivel europeo –miedo, desorientación, falta de liderazgo y exceso de orgullos nacionales mal entendidos- tienen mala solución si no aprendemos a remar todos a una. El proyecto es demasiado grande, abarca retos económicos, medioambientales y sociales, y no bastará con que un par tiren del carro. Hemos creado las estructuras políticas, pero nos falta el esfuerzo común para hacerlas funcionar de forma eficiente. Es el eterno problema del tan traído y llevado trabajo en equipo, en éste caso, a escala europea.

Sí, creo que Europa también ha llegado a la media parte en la definición de su identidad. No sé cuánto durará el segundo tiempo, pero a partir de aquí, todo es posible.




Media parte. Los dos equipos están en el vestuario y deliberan sobre qué hacer para ganar el partido en el segundo tiempo.

También América está en la media parte. Hay mucha gente sin trabajo, que está sufriendo, preocupada por saber cómo salir adelante. Y todos tenemos miedo, porque no se trata de un juego.

La gente de Detroit sabe algo de esto. Estuvieron a punto de perderlo todo. Pero todos tiramos del carro y ahora Motor City vuelve a luchar.

He visto muchas épocas duras, he pasado por muchos momentos bajos a lo largo de mi vida. Tiempos de incomprensión en los que parecía que nos desanimábamos. Cuando la niebla de la división, de la discordia y de la culpa hacía difícil ver lo que había detrás.

Pero a pesar de esos obstáculos, nos unimos para hacer lo correcto y actuamos todos como uno solo. Porque esto es lo que hacemos. En tiempos difíciles sabemos encontrar la salida. Y si no está ahí, la inventamos.

Ahora, lo que importa, es lo que está por venir. Cómo remontar el resultado. Cómo unirnos. Y cómo ganar.

Detroit nos demuestra que eso es posible. Y lo que es cierto para ellos lo es también para todos nosotros.

Este país no queda K.O por un puñetazo. Nos volveremos a levantar y el mundo escuchará el rugido de nuestros motores.

Sí, América está en la media parte. Y el segundo tiempo está a punto de empezar.