En 1905 Albert Einstein realizó una deducción histórica estableciendo una equivalencia entre masa y energía que posteriormente quedó plasmada en la famosa ecuación de la teoría de la relatividad,
E= mc²
que
significa que la energía de un cuerpo en reposo es igual a su masa multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado. Esta nueva teoría implicaba que
cualquier cantidad de materia, por pequeña que sea, tiene la capacidad de desprender una enorme cantidad de energía. Ante esa evidencia, en repetidas ocasiones se le preguntó a Einstein que si eso era así, si un solo gramo de materia contenía tanta energía latente, cómo podía ser que el fenómeno hubiera pasado tanto tiempo inadvertido. La respuesta de Einstein fue muy simple:
si la energía no se desprende, no puede ser observada. Es como si una persona fuera muy rica pero guardara todo su dinero para sí, sin gastarlo. Nadie podría percibir su riqueza.
Ahora que acabamos de estrenar un nuevo año, con todo lo que eso implica de renovación de propósitos y objetivos, se me ocurre que lo mismo puede suceder con los seres humanos. Que en los momentos de zozobra económica y emocional es bueno recordar que cada uno de nosotros tiene un enorme potencial latente, una
energía interior que debidamente activada nos ayudará a asumir logros y a alcanzar las metas que a
nivel personal nos hayamos fijado. Pero cualquier acción precisa de un acto voluntario y por ello la motivación juega un papel importante. A mi modo de ver, un papel decisivo. Querer no siempre es poder, pero
la voluntad es condición previa a la acción. Sabemos que las oportunidades no son las mismas para todos; esa es una realidad injusta con la que tenemos que convivir. También la suerte - o la mala suerte- tienen su relevancia. Pero esos son factores que no podemos controlar, y por lo tanto es mejor
concentrarnos en lo que sí depende de nosotros. Porque en el fondo, desarrollar nuestro potencial individual es una elección personal de cuyo resultado sólo nosotros somos responsables.
Tomando la ecuación de Einstein, podríamos adaptarla y concluir que nuestro éxito personal dependerá en gran medida de la motivación que apliquemos al desarrollo de nuestras capacidades, que de ésta forma multiplican su efecto.
E (Éxito personal) = m (motivación) . c² (capacidades)
Y que no son tanto las grandes gestas sino los
pequeños retos cotidianos los que más y mejores oportunidades nos ofrecen para motivarnos. Porque para la mayoría de nosotros, esas metas sencillas, concretas y asequibles nos permiten mejorar día a día, crecer como personas y en último extremo, ser dueños de nuestro íntimo y particular destino.