9 de enero de 2012

Reformulando a Einstein



En 1905 Albert Einstein realizó una deducción histórica estableciendo una equivalencia entre masa y energía que posteriormente quedó plasmada en la famosa ecuación de la teoría de la relatividad,

E= mc²

que significa que la energía de un cuerpo en reposo es igual a su masa multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado. Esta nueva teoría implicaba que cualquier cantidad de materia, por pequeña que sea, tiene la capacidad de desprender una enorme cantidad de energía. Ante esa evidencia, en repetidas ocasiones se le preguntó a Einstein que si eso era así, si un solo gramo de materia contenía tanta energía latente, cómo podía ser que el fenómeno hubiera pasado tanto tiempo inadvertido. La respuesta de Einstein fue muy simple: si la energía no se desprende, no puede ser observada. Es como si una persona fuera muy rica pero guardara todo su dinero para sí, sin gastarlo. Nadie podría percibir su riqueza.

Ahora que acabamos de estrenar un nuevo año, con todo lo que eso implica de renovación de propósitos y objetivos, se me ocurre que lo mismo puede suceder con los seres humanos. Que en los momentos de zozobra económica y emocional es bueno recordar que cada uno de nosotros tiene un enorme potencial latente, una energía interior que debidamente activada nos ayudará a asumir logros y a alcanzar las metas que a nivel personal nos hayamos fijado. Pero cualquier acción precisa de un acto voluntario y por ello la motivación juega un papel importante. A mi modo de ver, un papel decisivo. Querer no siempre es poder, pero la voluntad es condición previa a la acción. Sabemos que las oportunidades no son las mismas para todos; esa es una realidad injusta con la que tenemos que convivir. También la suerte - o la mala suerte- tienen su relevancia. Pero esos son factores que no podemos controlar, y por lo tanto es mejor concentrarnos en lo que sí depende de nosotros. Porque en el fondo, desarrollar nuestro potencial individual es una elección personal de cuyo resultado sólo nosotros somos responsables.

Tomando la ecuación de Einstein, podríamos adaptarla y concluir que nuestro éxito personal dependerá en gran medida de la motivación que apliquemos al desarrollo de nuestras capacidades, que de ésta forma multiplican su efecto.

E (Éxito personal) = m (motivación) . c² (capacidades)

Y que no son tanto las grandes gestas sino los pequeños retos cotidianos los que más y mejores oportunidades nos ofrecen para motivarnos. Porque para la mayoría de nosotros, esas metas sencillas, concretas y asequibles nos permiten mejorar día a día, crecer como personas y en último extremo, ser dueños de nuestro íntimo y particular destino.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Enhorabuena por la entrada!.
Creo que la ecuación: E (Éxito personal) = m (motivación) . c² (capacidades), no es correcta. Para mí que sería, más bien, algo así: E (Éxito personal) = m (capacidades) . c² (motivación).
Es una pena que no coincidan las iniciales, pero no debemos dejarnos llevar por la máxima: "Que la verdad no estropee una buena noticia", o su equivalente aquí: "Que la verdad no enturbie un artículo redondo".
@mente_m

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Interesante reflexión que da para mucho.
Yo, a la ecuación le añadiría el "deseo de cambio" como un elemento clave, porque sin él no hay éxito.
Es cierto que podría estar implícito en la "motivación", pero no estoy muy seguro de que sea así.
Un abrazo.

Astrid Moix dijo...

@mente_m: Muchas gracias por lo del artículo redondo. Pero como todo en la vida, es mejorable y tu enmienda así lo demuestra :)
Un saludo,

@Javier: completamente de acuerdo; la motivación sería algo así como el motor y el deseo de cambio la ruta.

Un abrazo,

Fernando López Fernández dijo...

la voluntad es condición previa a la acción. Hay muchos factores que influyen en nuestras circunstancias, pero solo nuestra voluntad puede modelarlas o cambiarlas,

Me ha gustado mucho.