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martes, 15 de abril de 2014

Diferencias culturales en los emoticones




Un emoticón es una secuencia de caracteres que imita una expresión facial para manifestar una emoción. La palabra es un neologismo resultado de unir emoción e icono y hoy en día los emoticones se emplean frecuentemente en internet y en telefonía móvil para salvar las limitaciones en la transmisión de emociones que suponen los textos breves, en especial en correos electrónicos y mensajería instantánea.

Hace algún tiempo encontré este
artículo en el que se hacía referencia a la influencia que el origen cultural tiene en la interpretación de las expresiones faciales. El artículo mencionaba un estudio de la Universidad de Glasgow que demostraba que, contrariamente a lo que muchas veces se piensa, algunas expresiones faciales no son universales, sino que su interpretación viene determinada por el origen cultural.

A título de ejemplo, un gesto que para un europeo es una expresión de miedo, para un asiático puede representar sorpresa y lo mismo puede pasar con la expresión disgusto, que en términos orientales tiende a interpretarse más como enfado, lo cual no es exactamente lo mismo.

Según los investigadores que realizaron el estudio, la confusión se da porque el origen cultural determina la percepción del observador. En ese sentido, en las pruebas realizadas los participantes asiáticos se concentraban más en los ojos del interlocutor a la hora de interpretar la expresión de su rostro, mientras que los participantes occidentales consideraban toda la cara, incluyendo también la boca.

Esas diferencias se manifiestan también en los emoticones orientales que se escriben de forma vertical porque en lugar de ser la boca la que señala la emoción, son los ojos los que se alteran:
East/West differences in Emoticons

Emotion    West East
'Happy'    :-)  (^_^)
'Sad'      :-(  (T_T)
'Surprise' :-o  (o.o)

  
 El estudio resalta la importancia de saber leer e interpretar las emociones en su contexto y el reto que eso puede suponer desde el punto de vista de la comunicación intercultural.

miércoles, 22 de enero de 2014

Cultura corporativa: el necesario equilibrio entre el ser y el hacer







El inicio del año es una época propicia para hacer balance y planificar proyectos nuevos. Es algo que seguramente tiene que ver con nuestra necesidad de asociar el logro de metas concretas a determinadas fechas del calendario, dándoles con ello una trascendencia que nos ayuda después a mirar hacia atrás y a valorar el grado de cumplimiento de nuestros propósitos. Lo digo porque hace unos días tuve una conversación con una compañera de trabajo y comentábamos precisamente ésta cuestión. Hablamos de viejos y nuevos proyectos laborales y en ese contexto mi amiga decía que su único deseo para el 2014 era conseguir un mejor equilibrio entre el ser y el hacer. Me pareció una sabia reflexión, porque normalmente solemos enfocar nuestros objetivos en la ejecución de acciones productivas y el cumplimiento de tareas (hacer) descuidando la finalidad estratégica que perseguimos con ellas, bien sea a nivel de nuestro desarrollo personal o como construcción de nuestra identidad profesional (ser).

Lo curioso es que algo parecido pasa también en el mundo de la empresa en donde, en mi opinión, sería deseable que los equipos gestores reflexionaran más a menudo sobre el modelo de organización  que desean construir.  Muchas compañías planifican su futuro solamente en términos económicos, de ventas y de crecimiento. Priorizan el logro de ese tipo de objetivos pero  descuidan el mensaje que con ellos se trasmite. Hay que saber qué tipo de empresa queremos que vean  nuestros clientes cuando decidan comprar nuestros productos, con qué clase de valores nos van a asociar las personas que opten por trabajar con nosotros, ya sean empleados o proveedores. Introducir esa dimensión identitaria en la planificación es siempre importante, pero lo es todavía más cuando se está iniciando un proceso de internacionalización. La salida al exterior nos ofrece la posibilidad de redefinirnos como empresa, de crear una cultura corporativa inclusiva que tenga en cuenta el entorno cultural y social de los países en los que se va a estar presente. Lo cual no es sencillo, porque puede exigir sacrificios y cambios estructurales, pero sobre todo porque requiere una perspectiva a largo plazo y una visión sistémica del espacio organizacional que se extienda más allá de las metas individuales de sus protagonistas. 
 
Sin embargo, creo que precisamente en momentos como el actual, en que las estructuras sociales, las formas de comunicación y los hábitos de consumo se están transformando muy rápidamente, sólo las empresas con una fuerte y clara identidad consiguen sobresalir. Y para conseguir esa identidad, ese ser definido, no va a ser suficiente con tener una serie de productos mejor o peor posicionados en el mercado. A medio y largo plazo hará falta también que nuestra imagen de marca transmita algo, que tenga una personalidad -la que sea-  que ayude a nuestra empresa a alinearse con los valores del territorio en el que opera. 

En mis proyectos formativos suelo preguntar a los participantes por los rasgos que definen la cultura corporativa de su organización y siempre me sorprende la dificultad que muchos tienen para identificarlos. En ocasiones esa misma dificultad en la respuesta la encuentro incluso en los responsables de RRHH, lo cual me sorprende todavía más. Queda claro que en esos casos algo falla, y que si no sabemos explicar quienes somos a los más próximos en la organización, difícil será que lo consigamos en el entorno más complejo del mercado internacional. Porque más allá de los buenos deseos, la construcción de una identidad corporativa sólida exige del equipo directivo reflexión constante, para definir y materializar ese deseado equilibrio entre el ser y el hacer en su empresa.