
Recuerdo que hace algún tiempo, en un debate en Linkedin, algunas personas lanzaron la pregunta de si la responsabilidad de la gestión y desarrollo de personas en las organizaciones debía ser competencia exclusiva de un departamento o división concreta (llámese de Recursos Humanos, Talento, Capital Humano, Gestión de Personas, etc) o por el contrario recaía en cualquiera que tuviera personas a su cargo. Desde esa perspectiva, RRHH ofrecería inspiración, metodología y apoyo vía formación, sería una especie de facilitador, en palabras de uno de los participantes en el debate, pero la gestión directa la deberían realizar los directivos y directivas de línea responsables de cada equipo.
Creo que este es un tema relevante que puede explicar algunos de los problemas humanos que viven las organizaciones actuales. Porque, efectivamente, las relaciones de jerarquía y de colaboración que se dan en una empresa impregnan su cultura corporativa a lo largo y a lo ancho y van mucho más allá de lo que puedan promover los responsables de RRHH. De poco sirve que estos hablen de comunicación, estructuras abiertas, motivación o corresponsabilidad, si después aparecen personas con responsabilidades directivas que carecen de empatía o someten a su equipo a la presión de horarios imposibles. El día a día en las organizaciones depende en gran medida del tipo de jefa o jefe para el que se trabaja y de lo que estos valoran cómo más importante. Y todavía hoy, en muchas organizaciones, la carrera profesional está muy centrada en el logro de objetivos económicos exclusivamente y cuestiones tales como el saber escuchar o motivar a los que empiezan, la delegación, o cómo se es valorado por los subordinados son temas secundarios, sobre todo si las cifras son buenas. Así que -en la práctica- se puede ir suspendiendo en gestión de personas sin apenas penalización, porque no está previsto que se deba "repetir curso" por ello . Y luego pasa lo que pasa, que ciertas personas van subiendo en el escalafón sabiendo mucho de finanzas o vendiendo como el que más, pero sin que a nadie se le haya ocurrido decirles que de vez en cuando puede ser bueno tomarse un café con los asistentes de primer año para preguntarles cómo les va.
Siempre he pensado que todos deberíamos preocuparnos por analizar y su caso mejorar nuestras competencias humanas o mal llamadas soft. Los conocimientos técnicos son imprescindibles, eso está claro, pero luego vamos a tener que desarrollarlos en compañía de otros. Hoy día son pocas las profesiones que pueden ejercerse en soledad. Se me ocurre la de farero, pero no estoy muy segura de que todavía exista. Y si nosotros pensamos que eso no es importante, alguien debería ayudarnos a salir de nuestro error, premiando nuestros aciertos y penalizando de alguna manera las carencias. La incapacidad puede venir no solo de una falta de actitud, sino también de conocimiento y de aptitud. La actitud la traemos puesta, pero el conocimiento puede adquirirse y la aptitud moldearse. Hay ahí un campo de mejora indiscutible para la autocrítica en el que sin duda la formación y el coaching que puedan ofrecernos desde RRHH nos servirá de herramienta. Sin embargo, ayudaría mucho también el que desde cualquier nivel jerárquico en la empresa se valorara la excelencia en la gestión de personas por lo menos al mismo nivel que el talento técnico. Conseguiríamos organizaciones más justas y empleados más felices.

