1 de marzo de 2010

Diversidad, globalización y olimpismo



Estos días he estado siguiendo desde Alemania el desarrollo de los Juegos Olímpicos de invierno. No es que la cobertura mediática haya sido espectacular ni para nada comparable a la que se produce en las olimpiadas de verano, pero Alemania es un país fuerte en los deportes alpinos y esta vez ha habido muchas medallas -de hecho el país ha quedado segundo en el medallero- así que la prensa le ha dedicado una considerable atención al evento.

Personalmente, más allá del acontecimiento deportivo, creo que las Olimpiadas reflejan muy bien algunos de los aspectos de lo que hoy en día se entiende por comunidad global, con sus ventajas y sus contradicciones. Por un lado no cabe duda de que una olimpiada es el acontecimiento deportivo global por excelencia, que mueve a todos los países, con sus diversidades de medios, orígenes, razas y valores culturales, en pos de un objetivo común: competir por la victoria. Es también una plataforma muy importante de cooperación intercultural a nivel individual, pues hoy en día la carrera profesional de los deportistas de élite y de sus entrenadores no conoce fronteras y la movilidad internacional entre ellos es igual o mayor que en muchas multinacionales. En ese sentido, el éxito en estos Juegos de los equipos de patinaje artístico canadiense y norteamericano, que han ganado las medallas de oro y plata por primera vez en la historia, desplazando a los rusos –campeones indiscutibles en esta disciplina en los últimos treinta años- a la tercera posición, es precisamente el resultado del trabajo de un grupo de entrenadores rusos que se ha trasladado a vivir a Norteamérica y que ha creado escuela. Y lo mismo pasa con muchos de los deportistas chinos, cuyos entrenadores son reclutados en todo el mundo. El mercado laboral deportivo es tremendamente global y en su profesionalidad parece que no se reconocen fronteras. Pero eso es así hasta cierto punto.

Porque por otro lado, las olimpiadas enfatizan la competición entre culturas y naciones, que hacen gala de su diversidad grupal en uniformes, banderas, himnos y colores. Las olimpiadas premian resultados individuales o de equipo, en función de cuál sea la disciplina deportiva, pero siempre enmarcados en la pertenencia a un grupo nacional. En el fondo, queda claro que la globalización favorece el intercambio y democratiza las oportunidades, también a nivel deportivo, pero las identidades culturales se siguen manteniendo. Solo así se explica el júbilo que desatan los éxitos deportivos nacionales en cualquier país. Un reflejo más de que la uniformidad globalizadora opera solo en la superficie, porque las olimpiadas son también un buen ejemplo de la fuerte resistencia de las fronteras a desaparecer, con todo lo que representan y todo lo que en ellas se contiene, tanto aquí como en Kuala Lumpur. Y hoy lo mismo que hace un siglo.

4 comentarios:

Manuel Granada dijo...

Hola Astrid;
Buen paralelismo entre deporte y cultura.
¡Piensa globalmente y actúa localmente¡ decía un slogan.
La verdad es que los intereses "locales" están por encima de los intereses supranacionales, aunque hay algunas pequeñas escepciones. En USA (un país relativamente nuevo -será por eso????-), participan equipos canadienses en la NBA de Basketball y también en la Liga de Hockey hielo.
También -quizás por su dispersión geográfica- agrupan "dos" ligas de la NBA (conferencia este y oeste).
Repito ¿será por lo "nuevo" del país? ¿o por la gran cantidad de distintas nacionalidades que aglutinan en USA?.
No voy a enseñarte lo que sin duda dominas mucho más que yo, pero estos aspectos "extradeportivos" siempre me han sorprendido de los americanos.
¿Te imaginas algo así en la "vieja" europa?. Yo no.
un abrazo

Astrid dijo...

Hola Manuel,
En el caso americano, la juventud del país es un elemento decisivo en la creación de su identidad. Por un lado hay un sentido nacional muy arraigado sobre todo en los símbolos, que actúa como herramienta asimiladora muy efectiva y que suple la falta de una tradición y de una historia común. Los símbolos simplifican los valores que los sustentan, de manera que se pueden asumir más facilmente por todos, propios y extraños. Por otro lado, los americanos son muy prácticos y no tienen reparo en buscar los mejores recursos en donde sea, para lograr un fin. Tienen también un carácter abierto y la combinación de todo eso hace que la integración de personas de otras culturas sea relativamente fácil, por lo menos a un nivel superficial. Pero eso ya les basta y no se cuestionan más.

Claro que todo ello es impensable en Europa, pero es que nuestra historia y nuestra realidad es muy diferente.

Un abrazo y gracias por tu comentario.

Josep Julián dijo...

Hola Astrid;
Me ha gustado mucho tu entrada en la que estableces un paralelismo entre movimiento global (con espíritu global de verdad) y el nacionalismo (se compite para defender a tu país y el medallero se observa con orgullo).
Al mismo tiempo, me llama poderosamente la atención que en nuestro país en el que cuesta tanto integrar culturas foráneas veamos crecientes ejemplos de extranjeros que logran la nacionalidad en función de sus méritos deportivos y para defender a su nuevo país. Una verdadera paradoja.
Un abrazo.

Astrid dijo...

Coincido contigo, Josep, en lo de lo paradoja y da qué pensar sobre nuestra supuesta amplitud de miras y tolerancia con lo diferente. Es directamente proporcional al interés -deportivo o del tipo que sea- que nos pueda reportar.

Buen fin de semana,