3 de diciembre de 2013

Las ventajas del desacuerdo






Hoy me gustaría proponeros un pequeño ejercicio muy simple: pensad en cinco palabras que para vosotros definan o estén relacionadas con el término conflicto, anotadlas en un papel y observad si lo describen como algo positivo o negativo. ¿Qué resultado os da?

En mi experiencia, cada vez que hago ésta pregunta, la mayoría de las respuestas que obtengo suelen tener una connotación negativa de mayor o menor intensidad y es común que se mencionen palabras como guerra, rivalidad, problema, desacuerdo, enfrentamiento o tensión. Sin embargo, si lo pensamos bien, los conflictos en sí mismos no son -o no deberían ser- ni buenos ni malos. Un conflicto es una situación en la que dos o más partes perciben que el objetivo de una impide o perjudica la consecución del de la otra. Es decir, es una circunstancia que en su inicio plantea únicamente una divergencia de intereses subjetivos. Lo que determinante es cómo manejamos esa disparidad, cómo abordamos la resolución de esos intereses contradictorios. Lo importante es siempre el resultado final. Si el conflicto acaba bien, recordaremos la situación que lo provocó como una oportunidad de cambio, de mejora o incluso de crecimiento personal. Pero si termina mal o -lo que todavía es peor- si no termina, entonces seguro que se nos presentará como una situación negativa, incómoda y desagradable que asociaremos a alguna de las palabras que he mencionado más arriba.

Siempre he pensado que la capacidad de gestionar y resolver conflictos de manera positiva, debería ser una de las competencias sociales básicas en nuestro desarrollo como personas. Porque si algo está claro, es que a lo largo de nuestra vida nos vamos a ver confrontados con muchas situaciones conflictivas. Ya sea en las relaciones familiares o de pareja, en el trato con los vecinos (que ya sabéis que es algo así como la prueba del nueve en temas de conflicto) o en nuestra vida profesional, el conflicto va a estar siempre ahí, siempre al acecho. Es algo inherente a la naturaleza social del hombre y por lo tanto, es un error pretender evitarlo o ignorarlo.

A mí me gusta pensar en el conflicto como en una herramienta. Un martillo, por ejemplo, que sirve para clavar un clavo o para ajustar una construcción, pero también podemos utilizarlo para destruirla o incluso para matar. Pues lo mismo sucede con los conflictos, que pueden ser una oportunidad para cuestionar actitudes o comportamientos anteriores, para dar un vuelco positivo al curso de las cosas. O pueden utilizarse como un instrumento de poder, un arma violenta -aunque sea en sentido figurado- para imponer aquellas decisiones que no hemos conseguido aplicar por la vía del diálogo o del consenso. Y creo que eso aplica de manera especial a las relaciones sociales en las organizaciones. Allí el conflicto puede ser una forma de vencer la resistencia al cambio, puede actuar de catalizador de la creatividad o la innovación, pero cuando se gestiona mal, genera parálisis o incluso en algunos casos, puede llevar a la desaparición de la empresa como tal.

Por lo tanto, dediquemos esfuerzo en resolver los conflictos de forma positiva. Empecemos por verbalizarlos, hablar sobre ellos, aceptar que existen. Reconocer que hay un problema y que éste es compartido, es el primer paso para alcanzar su resolución. Aceptemos la divergencia como algo natural y objetivo, sin personalizarla (sí, eso tan nuestro de atacar a la persona para resolver un conflicto que da como resultado un doble conflicto, el conceptual y el personal) y aprendamos a entender y a valorar las ventajas del desacuerdo.

5 comentarios:

Fernando Lopez Fernandez dijo...

El conflicto es algo natural aunque no nos guste. Yo no lo veo negativo ni positivo, forma parte de nuestra esencia. lo que si creo es que gestionarlo nos ayuda a crecer. Me ha gustado mucho

Astrid Moix dijo...

Gracias Fernando. Sí, ese crecimiento parece algo lógico y natural, pero la realidad demuestra que no siempre es así. Yo el mayor problema lo veo en nuestra tendencia a personalizar los conflictos, con el agravante emocional que eso comporta. Porque gestionar emociones negativas, además de argumentos, dificulta siempre las cosas.

Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Me has recordado una cita que puse el lunes en mi blog: "Toda cuestión tiene dos puntos de vista: el equivocado y el nuestro".
Que es una forma de decir que en el fondo siempre pensamos que nuestra posición es la acertada.
Un abrazo.

Astrid Moix dijo...

Me ha gustado mucho esta cita. Me permito tomártela prestada. ¡Es una gran verdad!

Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Astrid:
Muchas gracias por tu visita de final de año.
Yo también te deseo proyectos ilusionantes, o mejor dicho, cualquier cosa que sea ilusionante.
Y si me apuras, estoy pensando en pasar unos días por Berlín. A ver si nos desvirtualizamos :)
Un beso.