13 de septiembre de 2011

La falsa mística del liderazgo


Cuando se repasa la literatura académica sobre management y liderazgo tiene una la sensación de perderse en una relación infinita de definiciones y polémicas en torno a un concepto sobre el que parece que nunca se alcanza el consenso. La proliferación de artículos y opiniones sobre lo que es o debe ser un buen líder es apabullante; sin embargo, el tema sigue interesando y en las últimas semanas hemos tenido un nuevo ejemplo de ello a raíz de la renuncia de Steve Jobs a la dirección ejecutiva de Apple.

No obstante, independientemente de lo que podamos leer en los medios, creo que la mayoría de nosotros nos quedamos siempre con la sensación de que frente a líderes de ese o similar calibre (Kennedy, Mandela, Bill Gates, Churchill, Gandhi… los ejemplos pueden ser muy variados), lo tenemos todos bastante difícil. Si esos son los modelos a seguir, veo complicada la identificación: ni tenemos el carisma, ni la oratoria, ni seguramente tampoco el coeficiente intelectual suficiente para aproximarnos. Pero a pesar de eso consideramos a esas personas especiales, analizamos su comportamiento, elaboramos casos de estudio sobre ellos. Sin embargo ¿hasta qué punto influyen de forma real en nosotros? ¿Podemos de verdad vernos reflejados en alguien cuyas cualidades sabemos a priori que nunca vamos a poseer? Supongo que aquí, como en otras muchas cosas, opera también la fascinación que ejerce lo inalcanzable, la constante búsqueda de lo ideal, lo aparentemente perfecto, lo mítico. Aunque después el resultado tenga poco que ver con la realidad de nuestro entorno.

A menudo he preguntado a mis clientes en sesiones de formación sobre las personas que les sirven de referencia, aquellas que consideran verdaderamente inspiradoras a nivel profesional. Creo que nunca nadie me ha dado ninguno de los nombres anteriores como ejemplo. Por el contrario, muchas veces se ha mencionado la influencia positiva de algún buen jefe, en especial en los primeros años de carrera profesional. También el ejemplo de compañeros de trabajo, o la figura de un profesor o incluso la de algún amigo o amiga que haya triunfado en lo suyo. Los modelos varían pero suelen ser siempre personas que hemos conocido y tratado, que hemos visto actuar de cerca, en circunstancias normales similares a las nuestras. Gente corriente que nunca saldrá en la prensa ni llamará la atención. Profesionales como nosotros, con defectos y limitaciones, pero también con alguna cualidad especial de la que carecemos y de la que es posible aprender.

De ahí que frente a la falsa mística de cierto liderazgo extraordinario que nos proponen los gurús del momento, de vez en cuando sea bueno recordar que en el día a día las influencias cercanas son las más poderosas. Reivindiquemos por tanto la necesidad de un liderazgo cotidiano y asequible. Sin olvidar tampoco el impacto que cada uno de nosotros ya tiene en las personas con las que trabajamos, las cuales quizás nos sigan recordando en el futuro cuando miren atrás. Y en ese caso, sería estupendo que fuera siempre para bien ¿no crees?

8 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Hola Astrid:
Me ha encantado. Y lo digo porque me parece muy importante buscar nuestras referencias en lo cercano, en lo que somos capaces de... intentar parecernos.
Adios a los grandes gurus. Al menos parcialmente.
Un abrazo.

Astrid Moix dijo...

Celebro que te gustara Javier. Y que conste que no tengo yo nada contra los grandes gurus. Al contrario, me provocan admiración. Pero es como con el arte: me sugiere (o no), me emociona (o no), me transmite (o no), pero no me ayuda a transformarme en artista.
Un abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Astrid:

Al igual que a Javier me ha encantado. Siempre me he preguntado que es ser un buen líder. A veces creo que se confunde liderazgo con capacidad de fascinación.
Particularmente, siempre me ha "influenciado" o he tomado referencias de gente cercana como apuntas. Familia, amigos, jefes, subordinados, gente de la calle... gente con actitudes y cualidades que motivan e inspiran.
Muy bueno. Un abrazo

JLMON dijo...

Hola Astrid
Una reflexión muy interesante y no menos cierta y real...
Esos "lideres" son como escritores, pintores y cia.: hasta que no mueres no te hacen loas....
Todos somos lideres cada día, algunos en una oficina de dos habitaciones, otros en una cocina agobiante...
Tdos tenemos la capacidad de "hacer que los demás se sientan capaces, útiles, felices....."
Cuidate

Anónimo dijo...

Por un liderazgo cotidiano y asequible ... Sí, esa es la clave, personas cercanas. Aunque los grandes nombres también son personas, ¿no?, con sus dudas y sus fallos y sus miserias. Cuando te fijas en sus vidas personales a veces es para llorar ... Pero quizás tienen una capacidad mayor de deslumbrar que pasa por encima de eso.

Saludos. Te seguimos leyendo,

marina

Astrid Moix dijo...

@Fernando: creo que muchas veces sobrevaloramos esa capacidad de fascinación, que también identificamos con el carisma. En ocasiones nos impide ver lo que realmente hay detrás. Pero el carisma "vende".

@José Luis: para mi esa es la clave del liderazgo asequible, que centra su influencia en el entorno más inmediato y todo el mundo puede identificarse con él

@Marina: totalmente de acuerdo. Ayer sin ir más lejos pensaba en eso viendo al Sr. Strauss Kahn por televisión ... Gracias por tu comentario.

Un saludo

Antonio Ortega Parra dijo...

Hola Astrid:

Es la primera vez que participo en tu blog, lo que es claramente imperdonable. Prometo reincidir.

Me ha encantado la entrada con la que, desde luego, no puedo estar más de acuerdo. El liderazgo se hace en el día a día, se demuestra en las pequeñas cosas, y aunque también tenga una "dimensión heróica", si solo nos fijamos en ella nos sentiremos frustrados. Yo creo que esta dimensión heróica procede de los mitos de las leyendas griegas, pero ellos, simplemente, la identificaban con la excelencia. Busquemos, por tanto, la excelencia en nuestra profesión, y en nuestra vida, que no es poco. We don't need another hero.

Saludos,

Antonio

Astrid Moix dijo...

Hola Antonio!
Me alegra verte por aquí. Pues no, no necesitamos más héroes, sobre todo si tienen los pies de barro. Que es lo que abunda.
Gracias por tu comentario y el apunte histórico.
Un saludo muy cordial,