18 de octubre de 2009

Reinventar el management


En los últimos años y en especial desde que estalló la crisis actual, han aparecido infinidad de artículos y comentarios desde los foros más diversos apuntando siempre en la misma dirección: se ha de cambiar la forma y los criterios con los que estamos gestionado nuestras empresas, debe modificarse la manera de dirigir y de liderar y hay que adoptar un enfoque más ético, en el que prime el valor frente al beneficio. En una palabra, tenemos que reinventar el management.

Personalmente soy de la opinión de que en cuestiones de gestión empresarial está prácticamente todo inventado. Repasando mis antiguos libros de estudiante, compruebo que hace ya más de veinte años se hablaba igual que ahora de compromisos éticos y se alertaba de los peligros de abandonar la tradición humanista en la gestión de las organizaciones. Los conceptos no son nuevos y se enseñan desde hace décadas en las escuelas de negocios de todo el mundo. Pero en estos veinte años hemos pasado, que yo recuerde, por lo menos por dos periodos de crisis globales importantes. Recuerdo la época de mediados de los ochenta, con su euforia de fusiones y compraventas de empresas que hizo ricos a muchos, pero que tuvo como colofón final una espectacular caída bursátil en el 87 que se llevó por delante los ahorros de millones de inversores. Volvimos a empezar el ciclo y diez años más tarde nos dio la borrachera de las puntocom, que ya sabemos también como terminó. Ahora, más o menos otra década después, se repite de nuevo la situación de crisis, más agravada si cabe. En cada uno de esos casos, independientemente de cuáles hayan sido los detonantes inmediatos de la situación, que son muchos y variados, el denominador común al que apuntan los expertos es siempre el mismo: una visión economicista de la gestión empresarial que prima la eficacia y el éxito de los resultados medibles a corto plazo, que funciona relativamente bien para algunos en los ciclos alcistas, pero que no tiene respuestas para el momento en que, por los motivos que sea, se rompe el frágil equilibrio en que se mueve la economía internacional.

Muchas veces, cuando oigo hablar de conceptos como el de los mercados, el sistema financiero, la banca, o las grandes corporaciones internacionales, me da la sensación de que nos referimos a unos entes ajenos a nosotros que tienen vida propia. Pero detrás de cada sistema y de cada mercado, sea financiero o comercial, detrás de cada empresa, cualquiera que sea su tamaño, desde la multinacional hasta el tendero de la esquina, detrás de todas ellas están las personas que las hacen funcionar y en último extremo estamos cada uno de nosotros, en la medida que somos parte de la realidad económica de un país y también responsables de lo que esa realidad produce. Por eso, desde mi punto de vista, cualquier pretendida reinvención de un modelo de gestión será inútil y estará destinada al fracaso si no lleva aparejada una reflexión sobre las expectativas y comportamientos inviduales de las personas a las que va dirigida.

Reflexionemos sobre los valores con los que dirigimos nuestra propia vida como profesionales, pero también como ciudadanos. No exijamos al mercado ética e integridad si no nos la exigimos a nosotros mismos. No pretendamos que las organizaciones sean lo que nosotros a nivel individual no estamos dispuestos a ser. Empecemos a predicar con el ejemplo; de lo contrario, seguro que dentro de diez años volveremos a hablar de lo mismo.

11 de octubre de 2009

Lenguaje, culturas y pensamiento


 ¿Qué influencia tiene el lenguaje en nuestra forma de ver el mundo? ¿Hasta qué punto está el pensamiento, la forma de vivir y de pensar determinada por el idioma que hablamos? ¿Piensan los políglotas diferente en función de cuál sea el idioma utilizado?

Éstas y otras preguntas parecidas son las que se plantea Lera Boroditsky, profesora de Psicología en la Universidad de Stanford que ha analizado las conexiones entre lenguaje y pensamiento, ofreciendo un punto de vista muy interesante desde una perspectiva intercultural. Según los resultados del estudio que esta profesora ha efectuado con personas procedentes de países tan diversos como Rusia, Chile, Australia, Indonesia, Grecia y China, muchos conceptos básicos de nuestra percepción de la realidad están determinados por el lenguaje; el tiempo y el espacio, los colores, el razonamiento abstracto, la expresión de emociones, la actitud ante el riesgo, e incluso la elección de la pareja o de una profesión determinada, está influidas por el idioma que hablamos.

Personalmente, pude experimentar parte de los argumentos de esta tesis hace unos años cuando tuve la ocasión de participar con un grupo de voluntarios en un estudio parecido en Alemania y yo misma me sorprendí de cuán diferentes eran mis razonamientos en función del idioma que utilizaba para expresarlos. En ese momento lo interpreté como el resultado de mi distinto nivel de dominio del alemán y el español, pero parece que la explicación va más allá y está en la base cultural que origina la estructura del idioma, que hace que prestemos más atención a algunos aspectos de la realidad que a otros.