
Hoy me gustaría proponeros un pequeño ejercicio muy simple: pensad en cinco palabras que para vosotros definan o estén relacionadas con el término conflicto, anotadlas en un papel y observad si lo describen como algo positivo o negativo. ¿Qué resultado os da?
En mi experiencia, cada vez que hago ésta pregunta, la mayoría de las respuestas que obtengo suelen tener una connotación negativa de mayor o menor intensidad y es común que se mencionen palabras como guerra, rivalidad, problema, desacuerdo, enfrentamiento o tensión. Sin embargo, si lo pensamos bien, los conflictos en sí mismos no son -o no deberían ser- ni buenos ni malos. Un conflicto es una situación en la que dos o más partes perciben que el objetivo de una impide o perjudica la consecución del de la otra. Es decir, es una circunstancia que en su inicio plantea únicamente una divergencia de intereses subjetivos. Lo que determina su bondad a malicia es cómo lo manejamos, cómo abordamos la resolución de esos intereses contradictorios. Lo importante es siempre el resultado final. Si el conflicto acaba bien, recordaremos la situación que lo provocó como una oportunidad de cambio, de mejora o incluso de crecimiento personal. Pero si termina mal o -lo que todavía es peor- si no termina, entonces seguro que se nos presentará como una situación negativa, incómoda y desagradable que asociaremos a alguna de las palabras que he mencionado más arriba.
Siempre he pensado que la capacidad de gestionar y resolver conflictos de manera positiva, debería ser una de las competencias sociales básicas en nuestro desarrollo como personas. Porque si algo está claro, es que a lo largo de nuestra vida nos vamos a ver confrontados con muchas situaciones conflictivas. Ya sea en las relaciones familiares o de pareja, en el trato con los vecinos (que ya sabéis que es algo así como la prueba del nueve en temas de conflicto) o bien en nuestra vida profesional, el conflicto va a estar siempre ahí, siempre al acecho. Es algo inherente a la naturaleza social del hombre y por lo tanto, es un error pretender evitarlo o ignorarlo.
A mí me gusta pensar en el conflicto como en una herramienta. Un martillo, por ejemplo, que sirve para clavar un clavo o para ajustar una construcción, pero también podemos utilizarlo para destruirla o incluso para matar. Pues lo mismo sucede con los conflictos, que pueden ser una oportunidad para cuestionar actitudes o comportamientos anteriores, para dar un vuelco positivo al curso de las cosas.O pueden utilizarse como un instrumento de poder, un arma violenta -aunque sea en sentido figurado- para imponer aquellas decisiones que no hemos conseguido aplicar por la vía del diálogo o del consenso. Y creo que eso aplica de manera especial a las relaciones sociales en las organizaciones. Allí el conflicto puede ser una forma de vencer la resistencia al cambio, puede actuar de catalizador de la creatividad o la innovación, pero cuando se gestiona mal, genera parálisis o incluso en algunos casos, puede llevar a la desaparición de la empresa como tal.
Por lo tanto, dediquemos esfuerzo en resolver los conflictos de forma positiva. Empecemos por verbalizarlos, hablar sobre ellos, aceptar que existen. Reconocer que hay un problema y que éste es compartido, es el primer paso para alcanzar su resolución. Aceptemos el enfrentamiento como algo natural y objetivo, sin personalizarlo (sí, eso tan nuestro de atacar a la persona para resolver un conflicto que da como resultado un doble conflicto, el conceptual y el personal) y aprendamos a entender y a valorar las ventajas del desacuerdo.
6 comentarios:
A nivel personal puedo también afirmar que de los conflictos se puede salir reforzada. De cada uno de ellos, cuando han sido importantes, he aprendido y me han servido también para conocerme mejor.
Sin embargo, en las empresas en que he trabajado, las experiencias no han sido tan positivas. Cuando ha habido algún problema, se ha hablado mucho sobre él, pero por la via indirecta, es decir, a nivel de pasillos, rumores etc, pero el problema no se ha tratado de manera publica y "oficial" como tal, con lo que tampoco se ha podido resolver. Hablar, hablamos mucho, pero no de forma constructiva, creo yo.
Saludos,
En efecto cuando ocurre un conflicto en una empresa, generalmente se maneja anivel personal, y obviamente el intéres que cada persona tiene en lograr sus propósitos, le impide generar en equipo soluciones que favorezcan al bien común.
Por otra parte, a la mayoría de las empresas sólo les preocupa la productividad de éstas desde el aspecto funcional, por tanto, todos los conflictos entre el personal, se resuelven entre los directamente implicados, sin que exista intéres por los directivos en intervenir, a menos que impacte directamente en los asuntos de la compañia.
Si se planearan desde la dirección las acciones a tomar pensando en la concertación de las diferencias, creo que la producción se incrementaría, ya permitiría conocer las diferentes perspectivas, las ideas y conocimientos de quienes integran una empresa.
Esto necesariamente requiere de escuchar al personal y el tener voz desarrolla el sentido de pertenecia (ponerse la camiseta, se dice coloquialmente)con todo lo que colleva.
Saludos
Hola Isabel,
Me alegro de verte de nuevo. Tienes razón en lo que apuntas. Cuando hablo de verbalizar el conflicto, debería haber añadido también que se ha de hacer de forma constructiva, ojetivizándolo y buscando las razones y posibles soluciones. Hablar por hablar no lleva a nada, incluso puede ser peor.
Un saludo y hasta la próxima.
Hola Norma,
Gracias por pasar y llamar la atención sobre un tema que yo también he observado. El conflicto es molesto en las organizaciones y de ahí que a nivel directivo no siempre haya la implicación en su resolución que sería deseable. Son temas que en el mejor de los casos, se delegan al departamento de RRHH, en el sentido de "a ver cómo resolveis este muerto"... Y pienso que parte de la razón está en que no sabemos separar la parte emocional del conflicto (que está siempre ahí presente, en una medida mayor de lo que sería conveniente) de la parte conceptual.
Un saludo y bienvenida a este blog.
Hola a todos;
Hace años que me dedico a la gestión de personas y en consecuencia, puedo afirmar que tengo cierta experiencia en la resolución de conflictos (no siempre con un éxito rotundo, admito), pero hay personas de mi entorno que recurren a mi cunado tienen una negociación complicada o un conflicto de intereses grave encima de la mesa.
En general, tengo algunos "trucos" que intentaré sintetizar:
1.-Intentar ponerse en la piel del otro.
2.-Ver el conflicto como algo positivo en lugar de negativo . El hecho de que haya conflicto es síntoma de que hay interés en algo. Si en una organización todo el mundo está de acuerdo en todo, es que a nadie el importa nada y eso es muy peligroso.
3.- Estar dispuesto a no ganar; es decir, estar dispuesto a dejarse convencer si la postura del "otro" es mejor que la nuestra.
Hola Manuel,
Has sintetizado estupendamente lo que tu llamas "trucos", pero que en realidad son habilidades esenciales para manejar con éxito las relaciones humanas. Especialmente la tercera, estar dispuesto a ceder y a aceptar libremente los argumentos de la otra parte, es un ejercicio de humildad que debería ser más habitual, a todos los niveles.
Saludos,
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